REFLEXIÓN INICIAL:
En todos mis años que he estado en el colegio, sólo he ido al rastrillo una vez, pensé que sería buena idea trabajar allí este año ya que nos daban la oportunidad. Nunca antes había estado trabajando en un rastrillo, es decir, no tenía nada de experiencia. Me sentía un poco nerviosa porque no sabía que esperarme cuando me pusieron a trabajar en la Tómbola, ¿Cómo iba yo a trabajar en la tómbola?
DESAFÍO:
Me sentía muy agobiada con ir a trabajar al colegio donde estarían todos mis profesores, amigos y amigas, familiares y conocidos. En mi vida no he trabajado mucho en puestos como este, ya que tenía que gritar TÓMBOLA a cualquier persona que pasara para que me comprara un papelito. Mi desafío no era no tener vergüenza sino hacer bien mi trabajo y conseguir el mayor número de compradores.
PLANIFICACIÓN:
Estuvimos el viernes 13 de diciembre ordenando los objetos que se iban a vender y el sábado 14 estuvimos trabajando. Mi turno era el de mañana, de 9:30 a 11:00.
VALOR DE APRENDIZAJE:
El estar trabajando en un centro me ha permitido valerme por mi misma y aprender a tratar con gente desconocida (para poder vender mejor). Estuve trabajando con amigas mías que ya conocía anteriormente y otras que no tanto, me ha ayudado a conocerlas mejor y a abrirme más a la gente. Ya que este dinero estaba destinado a las niñas de Turkana me he esforzado mucho más porque sabía que era para una buena causa.
REFLEXIÓN FINAL:
Al fin de al cabo la tómbola fue lo mejor que hice aquel sábado 14 de diciembre. Me lo pase como jamás pensé que me lo pasaría y desarrolle mi manera de tratar con la gente. Estar de voluntaria en un rastrillo ha sido una de las mejores oportunidades que me han dado este año. Mi reflexión al salir del trabajo la resumí en una sola palabra: mítico. Mítico en el sentido de que me lo pasé genial gritando TÓMBOLA por los pasillos y consiguiendo que nos compraran casi el 80% de las papeletas en el primer turno!
